miércoles, 25 de junio de 2025

¿QUÉ SIGNIFICA LA MORADA DE CLERMONT, TU REFUGIO?

 


Desde La Morada de Clermont, tu Refugio, 26 de junio de 2025 estando acá en La Radio.

¡¡¡ Hola, hola, hola queridos oyentes !!!

Soy, Lean y les hablo desde el micro, Narraciones del Abuelo Lean.

Hoy pensaba que esta bueno continuar contándoles qué es esto de La Morada de Clermont, pues resulta ser una de las cosas que mas amo en mi vida. Si, lo digo de manera correcta: “cosa”. En efecto, nosotros los abogados estudiamos la enorme cantidad de cosas y todas sus categorías habidas y por haber de lo que podriamos hablar en futuros micros, sin embargo una de las cosas mas amadas y mas pretendidas por todos en nuestra argentina es la “cosa inmueble” y muy especialmente nuestra casa propia, uno de los grandes sueños auténticamente identificatorios de nosotros los argentinos, dado que no en todos los lugares del mundo, la vivienda propia tiene tanto sentido, significado e importancia, para los ciudadanos como lo es en argentina.

Morada es un sinónimo de vivienda, fue el término usado por Santa Teresa de Jesús, en su obra maestra que la tituló justamente Las Moradas.

Esta grandísima Santa Mística de la era de oro de los místicos españoles, de los que el otro muy famoso fue justamente su confesor y al mismo tiempo, discípulo Carmelita Descalzo y su mejor amigo; San Juan de la Cruz…, en Las Moradas de Santa Teresa es donde más me inspiré para bautizar a mi casita propia.

Morada, tiene su raiz en la palabra morar que, si bien significa habitar, vivir, se lo suele relacionar principalmente con el hecho de habitar de manera transitoria o mucho más precisamente, aunque sea una residencia permanente, morar es sinónimo de vivir bajo un techo sencillo, pequeño, íntimo. Si somos muy estrictos con la traducción literal de este término de raigambre latina morar significa, ni más, ni menos que estar bajo una mora o morera por lo que si seguimos el hilo, morar implica habitar bajo una auténtica “enramada”.

Uso este término dado que tengo in mente un poema muy hermoso que lo descubrí en los años 90 entre unos de los poetas y filósofos que mas admiro y que es Khalil Gibarán, poeta, pintor, novelista y ensayista libanés. Su poema dice así:

 Las Casas

Un albañil, entonces, se adelantó y dijo: Háblanos de las Casas.

Y él respondió, diciendo:

"Levantad con vuestra imaginación una enramada en el bosque antes que una casa dentro de las murallas de la ciudad.

"Porque, así como tendréis huéspedes en vuestro crepúsculo, así el peregrino en vosotros tenderá siempre hacia la distancia y la soledad.

"Vuestra casa es vuestro cuerpo grande.

"Crece en el sol y duerme en la quietud de la noche, y sueña.

"¿No es cierto que sueña? ¿Y que, al soñar, deja la ciudad por el bosque o la colina?

"¡Cómo pudiera juntar vuestras casas en mi mano y, como un sembrador, esparcirlas por el bosque y la pradera!

"Los valles serían vuestras calles y los senderos verdes las alamedas y os buscaríais el uno al otro a través de los viñedos, para volver con la fragancia de la tierra en las vestiduras.

"Pero todo eso no puede ser aún.

El poema continúa y como habrán visto, no se trata solo de un poema, sino de un auténtico diálogo interno, justamente de estilo profético.

¿Por qué lo llamo profético?

Pues así ocurrió conmigo.

A mis 8 años, con mis amigos de la niñez, nos construimos nuestra primera choza en un baldío del B° Güemes, que estaba al lado del edificio donde vivíamos todos con nuestras familias.

Esa choza se nos incendió produciendo gran revuelo entre los vecinos del edificio y luego rehicimos nuestra primer “ermita” o cueva, construyendo una auténtica cabañita de niños, con ladrillos pegados con barro y chapas traslúcidas que en verdad nos robamos de una obra cercana, cual diablura típica de niños traviesos.

Muchísimos años después se me iba forjando en mi ser la otra gran naturaleza opuesta y complementaria a la vez; es decir, la sociable e innata de toda mi vida y hasta familiar, ya que la tengo a ésta en Villa María. Esta por un lado y de la que les venía hablado por la otra, que fue un gran desarrollo, o sea, la de mi costado ermitaño que como no es la parte innata de mi persona, la llamo, para jugar con mi nacionalidad española por opción, mi naturaleza ermitaña también por opción.

Como les digo…, ermitaño es quien vive en una ermita, que es sinónimo de cueva, y que luego de que los grandes ermitaños de la historia, que vivían en auténticas cuevas en desiertos inhóspitos y hostiles, las convirtieron a éstas (las cuevas) en casas y lo característico de éstas, paso a ser vivirlas en condición de solos o solitarios, más que lo de cueva en sí.

En base a todo esto se iba forjando el espíritu de que una casa sencilla y solitaria era templo, era la extensión y el abrigo del cuerpo, era sin más, ni más, el cuerpo grande de uno y por ello justamente el templo, donde todo lo de uno y de su estilo de vida, pasaba a ser sagrado en sí. Es por ello que un ermitaño además de irse convirtiendo en un estudioso, en un buscador eterno de sus pasiones y todas sus amadas especialidades, también es de por sí un místico. O sea, no todo místico es ermitaño, pero si o si, todo ermitaño es mistico.

Es así que hoy en día existimos muchos ermitaños que lo somos por vivir y hacer honor al hecho de vivir solos, pero nuestras ermitas, que son nuestros auténticos templitos domésticos, pueden ser, o bien rurales, en lindos ranchos, o bien urbanos, como, por ejemplo, los ermitaños urbanos modernos que vivimos en departamentitos de un dormitorio, solos y dedicados, como todos los ermitaños del mundo, a la vida principalmente espiritual y a un estilo y filosofía de vida disciplinada por completo. Todos estamos comprometidos con la naturaleza, que, aunque hayamos pasado a ser urbanos, pues a ella la conocemos íntimamente, algunos hemos vivido en el campo, en el monte, pero nos mudamos a las urbes, y esta naturaleza nos ha pasado a habitar, tenemos todo un inmenso cosmos ahora dentro nuestro y cuando andamos caminando por las calles jamás dejamos de tener esa conexión con lo que aún queda de naturaleza en estas junglas de cemento que son las grandes ciudades.

1 comentario:

  1. Tu entrada sobre La Morada de Clermont no es simplemente una evocación sentimental, sino una cartografía íntima de la identidad. Lo más potente no es lo que se cuenta sino desde dónde se cuenta: esa voz entrañable, en vivo desde el micro, que transita entre el recuerdo infantil y la mística teresiana, entre el baldío de la infancia y el departamentito de un dormitorio como ermita urbana.

    Hay un hilo de oro que une la choza incendiada con el poema de Gibrán: la casa como cuerpo grande, como extensión del alma que sueña su refugio. Y en ese sueño, como decís, lo sagrado no es lo grandioso, sino lo íntimo, lo humilde, lo elegido. Esa idea de “cosa” —la casa como objeto jurídico amado, deseado, vivido— cobra en tu voz un peso filosófico y hasta poético.

    El temblor técnico en el aire no le resta fuerza, sino que humaniza aún más el gesto: un hombre compartiendo su templo en medio del ruido. Y hay belleza en eso.

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