Desde La Morada de Clermont,
tu Refugio, 26 de junio de 2025 estando acá en La Radio.
¡¡¡ Hola, hola, hola queridos
oyentes !!!
Soy, Lean y les hablo desde el
micro, Narraciones del Abuelo Lean.
Hoy pensaba que esta bueno
continuar contándoles qué es esto de La Morada de Clermont, pues resulta ser
una de las cosas que mas amo en mi vida. Si, lo digo de manera correcta:
“cosa”. En efecto, nosotros los abogados estudiamos la enorme cantidad de cosas
y todas sus categorías habidas y por haber de lo que podriamos hablar en
futuros micros, sin embargo una de las cosas mas amadas y mas pretendidas por
todos en nuestra argentina es la “cosa inmueble” y muy especialmente nuestra
casa propia, uno de los grandes sueños auténticamente identificatorios de
nosotros los argentinos, dado que no en todos los lugares del mundo, la
vivienda propia tiene tanto sentido, significado e importancia, para los
ciudadanos como lo es en argentina.
Morada es un sinónimo de
vivienda, fue el término usado por Santa Teresa de Jesús, en su obra maestra
que la tituló justamente Las Moradas.
Esta grandísima Santa Mística de
la era de oro de los místicos españoles, de los que el otro muy famoso fue
justamente su confesor y al mismo tiempo, discípulo Carmelita Descalzo y su
mejor amigo; San Juan de la Cruz…, en Las Moradas de Santa Teresa es donde más
me inspiré para bautizar a mi casita propia.
Morada, tiene su raiz en la
palabra morar que, si bien significa habitar, vivir, se lo suele relacionar
principalmente con el hecho de habitar de manera transitoria o mucho más
precisamente, aunque sea una residencia permanente, morar es sinónimo de vivir
bajo un techo sencillo, pequeño, íntimo. Si somos muy estrictos con la
traducción literal de este término de raigambre latina morar significa, ni más,
ni menos que estar bajo una mora o morera por lo que si seguimos el hilo, morar
implica habitar bajo una auténtica “enramada”.
Uso este término dado que tengo in
mente un poema muy hermoso que lo descubrí en los años 90 entre unos de los
poetas y filósofos que mas admiro y que es Khalil Gibarán, poeta, pintor,
novelista y ensayista libanés. Su poema dice así:
Las Casas
Un albañil, entonces, se
adelantó y dijo: Háblanos de las Casas.
Y él respondió, diciendo:
"Levantad con vuestra
imaginación una enramada en el bosque antes que una casa dentro de las murallas
de la ciudad.
"Porque, así como
tendréis huéspedes en vuestro crepúsculo, así el peregrino en vosotros tenderá
siempre hacia la distancia y la soledad.
"Vuestra casa es vuestro
cuerpo grande.
"Crece en el sol y duerme
en la quietud de la noche, y sueña.
"¿No es cierto que sueña?
¿Y que, al soñar, deja la ciudad por el bosque o la colina?
"¡Cómo pudiera juntar
vuestras casas en mi mano y, como un sembrador, esparcirlas por el bosque y la
pradera!
"Los valles serían
vuestras calles y los senderos verdes las alamedas y os buscaríais el uno al
otro a través de los viñedos, para volver con la fragancia de la tierra en las
vestiduras.
"Pero todo eso no puede
ser aún.
El poema continúa y como habrán
visto, no se trata solo de un poema, sino de un auténtico diálogo interno,
justamente de estilo profético.
¿Por qué lo llamo profético?
Pues así ocurrió conmigo.
A mis 8 años, con mis amigos de
la niñez, nos construimos nuestra primera choza en un baldío del B° Güemes, que
estaba al lado del edificio donde vivíamos todos con nuestras familias.
Esa choza se nos incendió produciendo
gran revuelo entre los vecinos del edificio y luego rehicimos nuestra primer
“ermita” o cueva, construyendo una auténtica cabañita de niños, con ladrillos
pegados con barro y chapas traslúcidas que en verdad nos robamos de una obra
cercana, cual diablura típica de niños traviesos.
Muchísimos años después se me iba
forjando en mi ser la otra gran naturaleza opuesta y complementaria a la vez; es
decir, la sociable e innata de toda mi vida y hasta familiar, ya que la tengo a
ésta en Villa María. Esta por un lado y de la que les venía hablado por la
otra, que fue un gran desarrollo, o sea, la de mi costado ermitaño que como no
es la parte innata de mi persona, la llamo, para jugar con mi nacionalidad
española por opción, mi naturaleza ermitaña también por opción.
Como les digo…, ermitaño es quien
vive en una ermita, que es sinónimo de cueva, y que luego de que los grandes
ermitaños de la historia, que vivían en auténticas cuevas en desiertos
inhóspitos y hostiles, las convirtieron a éstas (las cuevas) en casas y lo
característico de éstas, paso a ser vivirlas en condición de solos o
solitarios, más que lo de cueva en sí.
En base a todo esto se iba
forjando el espíritu de que una casa sencilla y solitaria era templo, era la
extensión y el abrigo del cuerpo, era sin más, ni más, el cuerpo grande de uno
y por ello justamente el templo, donde todo lo de uno y de su estilo de vida,
pasaba a ser sagrado en sí. Es por ello que un ermitaño además de irse
convirtiendo en un estudioso, en un buscador eterno de sus pasiones y todas sus
amadas especialidades, también es de por sí un místico. O sea, no todo místico
es ermitaño, pero si o si, todo ermitaño es mistico.
Es así que hoy en día existimos muchos ermitaños que lo somos por vivir y hacer honor al hecho de vivir solos, pero nuestras ermitas, que son nuestros auténticos templitos domésticos, pueden ser, o bien rurales, en lindos ranchos, o bien urbanos, como, por ejemplo, los ermitaños urbanos modernos que vivimos en departamentitos de un dormitorio, solos y dedicados, como todos los ermitaños del mundo, a la vida principalmente espiritual y a un estilo y filosofía de vida disciplinada por completo. Todos estamos comprometidos con la naturaleza, que, aunque hayamos pasado a ser urbanos, pues a ella la conocemos íntimamente, algunos hemos vivido en el campo, en el monte, pero nos mudamos a las urbes, y esta naturaleza nos ha pasado a habitar, tenemos todo un inmenso cosmos ahora dentro nuestro y cuando andamos caminando por las calles jamás dejamos de tener esa conexión con lo que aún queda de naturaleza en estas junglas de cemento que son las grandes ciudades.